Tic tac, tic tac sonaba el reloj, yo siempre atento a todos los sonidos que de la nada se presentaban a mi alrededor. He esperado por esto durante toda mi existencia sin siquiera yo saberlo, es algo que a lo que llaman naturaleza nos brindo a los de mi raza a los que son como yo.
Es sábado lo sé así por que la casa esta vacía los que conmigo viven no están estoy solo en una fría y solitaria noche. Ojala tuviera su compañía, la casa esta oscura solo gracias a que tengo una visión excelente la mejor de todas diría yo, mis ojos son mágicos y me permiten ver y distinguir cosas aun si están inmersas en una profunda y seca oscuridad.
Se dejo oír de la nada, quiero salir escapar de aquí pero la puerta está cerrada y de primer momento es la única salida fácil que tengo, lo único que quiero es verla encontrarme con ella, encontrarme.
Con su llamado.
Con su olor.
Con su cuerpo.
Entre en desesperación pues si no me apuraba algún otro podía venir y llevársela dejándome acá sin nada; recorrí toda la casa con apuro quería encontrar alguna puerta o ventana para poder acudir a ella, llegue a la habitación que esta al final del pasillo para mi sorpresa era la única con la puerta y ventana abierta sin pensarlo dos veces movido por la excitación que mi cuerpo presentaba, salte estaba algo así a tres metros del suelo pero no me importo. Corrí ágilmente siguiendo su olor cosa que me hacia excitar aun mas al fin la localice y ambos supimos que hacer en ese instante nos fuimos a un lugar mas cómodo e intimo para que los otros no pudieran molestarnos. La tuve entre mis patas y la hice mía la poseí como nunca nadie lo hiso antes lo supe así por el goce que reflejaban sus maullidos cargados de placer.
Ella me dio la espalda siempre y no pude mirarla aunque quisiera. De verdad que fueron los minutos más sublimes de toda mi vida, o esa linda y única gata para mí, la del vecino de al lado.
Espero volver a verla mañana cantando así se lo pediré a la luna.